Cuarta Temporada

Para entender esta historia! deberas leer la Primera (living without limits 1) y segunda (living without limits 2) temporadas!!
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Cap 24

Los Ángeles

-Mira esto –lanzó Lydia una hoja de revistas a mi escritorio, que a simple vista solo parecía un pedazo más de papel. No me importaba el contenido, de hecho nada le daba tanta importancia, solo era mi trabajo y algún chisme en especial como muchas veces había intentado Lydia no me llamaban la atención. Luego de que me encontraba hablando Inglés, por lo que debía estar concentrada con eso de que ya le hallaba un poco a ese idioma.

(Ingles)
-…si claro, ya me hice cargo de mi sección. Todo se encuentra listo, la entrevista y el Tip´s solo para mujeres lo han colocado en su lugar y yo misma me encargaré de que no haya ninguna falta de ortografía –en realidad sabía que Lydia haría eso por mi- de acuerdo hasta luego –me despedí rápidamente para no entrar a los detalles próximos a una conversación más a ese idioma. Todavía me costaba algo de trabajo.

(Alemán)

-Que te pasa –soltó una carcajada Lydia- parece como si hubieras visto un fantasma.
Suspiré. Cada vez era peor. Hablar con nuestro jefe para saber cómo íbamos era lo peor de la semana. Teníamos que estar preparas todas las secciones para su llamada. Aquella que le diera los problemas que tenía lo más seguro era que la despidiera. No veía el día en que eso me sucediera. Volví a suspirar.
Realmente extrañaba estar en casa y todo esto sucedía después de una breve conversación por parte de mi jefe. Mis padres llamaban cada que podían, pues era un gran problema tener que lidiar con los horarios de E.U y Alemania. Pero sobre todo mis amigos y a Bill…. De nuevo me obligué a que mi pensamiento se pusiera en blanco, ya no quería estar triste por mi bebe, no ahora que quizá viera los resultado del eco para saber el sexo de mi bebe ya que después de tantas veces que me había arrepentido por saberlo, tanto que terminó por odiarme el doctor que me atendió. “Está bien” recuerdo haberle dicho “dígame el sexo del bebe, espere, mejor no…bueno si, no, mejor no” por lo que el doctor tuvo que correrme no sin antes decirme que esto no era un juego. Lydia y yo no parábamos de reír recordando aquella escena. Pero ahora era distinto, porque Lydia tuvo la grandeza amabilidad de mandar mis resultados para saber el sexo del bebe y llegarían pronto a esa clínica así que una parte de mí moría de ganas por saber que era.
-Ya habías visto eso –dijo Lydia interrumpiendo mis pensamientos. Eso automáticamente me hizo agarrarme de mi bebe como si ya fuera costumbre y miré atenta al papel que estaba sobre mi escritorio. Solo eran imágenes.
Noté en él dos siluetas pero estaba muy oscura para detectar el rostro de las personas. Aun habían más imágenes, la mayoría mostraban esas siluetas la misma pose, muy juntas al igual que los rostros. La fecha daba al día de ayer.
Mis ojos buscaron en algo que de veras me hiciera llamar la atención pero como siempre creí en que Lydia le interesaban más los chismes de los famosos que a mí.
-Lydia –me quejé en tono absurdo- de veras, no me interesa nada de esto y lo sabes.
-No –negó segura de sí misma- es que no te has dado cuenta muy bien de que se trata.
Confusa, seguí su mirada. Después su dedo índice señaló perfectamente el nombre de alguien que conocía tan bien. “Tom Kaulitz” después de ver eso pude distinguir mejor su rostro con la de aquella chica, aunque detestara que no se le viera el rostro tanto como a Tom. Todas las fotos mostraban un beso, y peor todavía…estaban tomados de la mano.
-¿Qué significa esto? –solté muy sorprendida a Lydia. No lo podía creer. Pero mi amiga no hizo nada al respecto. Esa pregunta definitivamente era para Tom.
-Tranquilízate –dijo con un hilo de voz- al menos agradece que no se trata de su hermano.
Por supuesto que eso no era una respuesta y tampoco me hizo tranquilizar. Qué demonios ya me importaba Bill, ahora él podía hacer su vida como quisiera. Aun sin saber que tendría un hijo.
-Gracias –puse los ojos en blanco- no deseo escuchar tus absurdas consolaciones.
-Aquí dice –Lydia siguió leyendo la nota mientras la traducía para mí- Tom Kaulitz como muchas veces hemos visto, aparece de nuevo con una chica a la que no parece indiferente aunque hemos visto varias escenas en las que ha sido captado con esta chica; En un hospital, un refugio para desamparados y un acilo para ancianas. La noche de ayer vimos como varias personas iban llegando a la casa de los gemelos sin excepción de la pareja ya hablada. Minutos después estos salieron para despedir y se fueron ellos dos solos sin saber a dónde iban….
-Lydia –le pedí haciendo un gesto con la mano con la intención de que parara todo esto. Ya que esto me enfermaba.
Pero todo se vio más claro cuando vi en mi cabeza a Lizzi. Ella me había mencionado la última vez que estaría a punto de conquistar a Tom fuera lo que fuera.
-¡Oh no! –Solté desesperada. Tenía que hablar con ella- ¿Qué horas son en Alemania? –pregunté angustiada. Esto de alguna forma tenía que saberlo Lizzi
-Las diez –respondió-.
-Crees que sea demasiado tarde –lograba decir desesperadamente en busca de mi teléfono celular. Lancé todo lo que sentí que me estorbaba en busca de mi celular. En mi bolsa, debajo de mi suéter, en mis cajones, debajo de mi escritorio y….
Lydia sostenía mi teléfono celular. Por supuesto, me dije ¿A quién se le ocurriría buscar sobre mi escritorio?
Sonreí torpemente mientras lo tomaba con cuidado.
El primer timbre me sonó a gloria pues sabía que Lizzi no había dejado apagado su celular, el segundo timbre ya fue frustrante para mí, pensar en que no me contestara era lo único que me haría falta para que mi día fuera peor.
-¡Neily! –exclamó Lizzi al otro lado de la línea. Reconocí su voz enseguida además de que probablemente ya nos hacía falta una conversación para contar nuevos detalles.
-Hola Lizzi –saludé felizmente como sí nada. Una vez que después entráramos en calor podría soltarle la sopa- ¿Cómo estás? –comencé con una primera pregunta muy popular después de decir “hola”
Pero entonces todo se vino abajo. Podía escuchar claramente los bajos sollozos de Lizzi al teléfono y por supuesto eso me inquietó. Como aquella pregunta le había afectado tanto.
-¿Lizzi estás bien? –logré preguntar cuidadosamente aunque en mi mente ya imaginaba que Lizzi se había enterado de todo.
-Neily….. –Lizzi se había soltado a llorar por completo. Esperé a que se la pasara. –No sabes todo lo que he pasado.
En realidad no, pensé para mis adentros, intenté no reírme.
-Tom es un completo idiota –me gritó tan fuerte que tuve que retirarme del teléfono cinco centímetros. Definitivamente ya lo sabía.
-Lo sé –respondí siguiéndole la corriente. Me dolía mucho verla o más bien oírla de esa forma- hablé respecto a eso.
-Como te diste cuenta –su llanto se detuvo de repente. Parecía estar sorprendida.
-Trabajo en una revista, soy editora ¿Lo recuerdas? –quise sonar lo más divertida posible, a pesar de que me sintiera como una tonta. No quería escuchar así a Lizzi.
-Pues hubiera preferido conocerla de esa manera
-A que te refieres –eso me inquietó un poco.
-Su madre me llamó para decirme que estaba invitada a una cena muy especial, Tom iba a traernos una sorpresa…
-¿Nunca pensaste en que se trataba de ella?
-No –negó con la voz baja- pero estaba pensando en ir o no y opté por ir. Deseaba a verlo Neily –eso había sonado como una excusa.
Suspiré.
-Supongo que en eso puedo entenderte.
-La maldita sorpresa era ella, pero a pesar de eso no podía evitar verlo. Lo amo tanto –soltó el llanto de nuevo-.
Ni siquiera me había dado cuenta de todos los garabatos que me puse hacer desde que comencé a hablar con Lizzi. Lydia por supuesto se había ido para darme privacidad y lo único que me quedaba era esperar a que se repusiera para que pudiera hablar de nuevo.
Escuché como hacía respiraciones seguidas.
-Ni siquiera tengo un mal aspecto de ella, se ve que es buena gente pero aun así lo odio igual que a Tom.
-Por lo que dices a mí también me está cayendo muy mal –logré consolarla mejor y eso hizo que se calmara- y a pesar de eso ¿Logró presentártela?
-Si –respondió a secas. ¡Qué horror! Eso lo más duro a lo que uno puede enfrentarse.
-De veras lo siento –me disculpé con ella pues me había arrepentido de preguntarle eso.
El silencio abundó entre nosotras pero no tenía más que decirle. Estaba dolida y sabía exactamente por lo que ella había pasado. Cerré los ojos intentando en no pensar en ese dolor pero me costaba mucho trabajo y lo peor era que había fallado. Mi mente recorrió los momentos más dolorosos que jamás había vivido. La nota de Bill, la última rosa, el día en que me dejó sola….
-Pero sabes que fue lo peor –continuó Lizzi agradeciendo que interrumpiera mis pensamientos, por lo que mi mente tuvo que hacer un rumbo diferente. ¿Qué era lo peor?
-Lo peor de todo era que Bill tampoco dejaba de mirarla.
De pronto, su nombre me sonó tan real. Nadie lo había nombrado tan cercas de mí excepto por mi mente, pero escucharlo de alguien más hizo que mi corazón latiera de nuevo y una esperanza albergara por mi cuerpo. Me quede perpleja y no pude escuchar las demás palabras. Era como sí le hubieran puesto pause al escuchar su nombre y todo el mundo se detuviera.
-Lo lamentó –se apresuró a disculparse Lizzi. No entendí nada. Ahora todo era una confusión en mi cabeza, porque ahora todo comenzaba a funcionar, el mundo tomo su rumbó y mi corazón dejó de latir.
-Que Bill.. –logré decir con mucho esfuerzo e intenté con pocas fuerzas recobrarme de aquella sensación tan extraña.
-Que no dejaba de mirarla –ahora ya no había utilizado su nombre. Qué tristeza.
-mirar a quien –estaba más concentrada en mi vaga sensación que en las palabras que Lizzi me repetía constantemente.
-Acaso estas ahí –dijo en tono desesperada. Al menos su tristeza había desaparecido
-Si –dije una vez estando segura de que no volvería a ocurrir eso extraño pero.. ¿Y si volviera de nuevo? Esa sensación…
-Él no dejaba de mirarla –gritó ahora y eso hizo que reaccionara-
-No dejaba de mirarla – repetí después de que un eco interminable se acumulara en mi cabeza. Esas palabras fueron demasiado crueles y más tratándose de Bill. Pero todo el mundo no se detuvo y siguió su rumbo.
-¡Ah! –Soltó Lizzi y casi la imaginé poner los ojos en blanco- eso no fue lo peor, después de que me fui y de que tuve una discusión tan estúpida con Tom apareció frente a mí la hermana de Alex.
-¿Quién es Alex?
-La novia de Tom –resopló ahora con muy poca paciencia. Estaba segura de que la parte sentimental de Lizzi se había esfumado. ¡Genial!
-Perdón –hice una mueca por mi torpeza- pero no me dijiste como se llamaba –traté de excusarme.
-Como sea –volvió a resoplar- se apareció ella y me dijo que quería hacer lo posible para separarlos ¿Puedes creerlo? ¿Qué tipo de hermana querría eso?
-¿Quizás esté enamorada de Tom? –concluí. Fue en ese preciso momento que mi bebe gruñía de hambre. Me puse en busca de unas galletas que estaba segura que las había guardado en mi cajón. ¡Bingo! Las tomé inmediatamente para que en segundos ya las estuviera masticando.
-No lo creo –su voz sonó insegura así seguí comiendo- yo pienso que ella lo habría dicho, dijo que no quería que lastimaran a su hermana….. –se detuvo drásticamente. Dejé de masticar- ¿Estás comiendo algo? –demonios, me atrapó.
-Lo siento Lizzi –contesté con mucho esfuerzo intentando ocultar mi galleta enorme bajo mi boca. Fue difícil- tengo mucha hambre y aquí son apenas las 3 de la tarde.
-Tienes razón –se tranquilizó.
-Solo dime una cosa –me detuve para terminar mi bocado rápidamente para después preguntar- ¿Le dijiste que no verdad?
-Era lógico –admitió con su voz muy baja- no podría hacer eso. No me atrevería pero…………
Esperé unos segundos y opté por tomar otra galleta. Estaban deliciosas.
Seguí esperando.
-Oye te llamo luego…
Me colgó.
“Demonios Lizzi” suspiré disgustada sin dejar de comer. Mi mente no dejó de vagar en la situación de Lizzi. Demasiado dura pero yo daría lo que fuera por ver una vez más a Bill. Lo necesitaba demasiado y hubiera deseado saber el sexo del bebe junto con él. Eso no pasaría jamás.
Cerré los ojos masticando suavemente la crujiente galleta sobre mi lengua. Mordí cada una de las gotitas de chocolates. Era demasiado deliciosa….
Una mano que se situaba tranquilamente sobre mi abdomen tuvo que acariciar la mesa encontrando otra galleta. No las encontré. Abrí mis ojos bruscamente y me sobresalté al ver a Bill sentado en la silla que se situaba en frente de mi escritorio.
Me quitó el todo el aliento y de pronto ya no sentí mi cuerpo. Mi corazón comenzó a latir y volví a sentir aquella sensación nueva. Todo mi mundo se detuvo.
Nada en él había cambiado en lo absoluto.
Estaba muda y de pronto quise esconder el enorme bulto que escondía bajo mi ropa aunque muchos ya lo habían notado ¿Porqué no habría de notarlo él? Me quedé con los ojos como platos y me quedé ahí, sentada con las manos sobre mi abdomen temiendo que lo viera.
Pero Bill no me miraba a mí; Miraba la ventana que daba hacia la ciudad y donde el sol se escondía bajo aquellos edificios más grandes que el nuestro.
-¿Porqué no me has llamado? –preguntó seriamente sin que me mirara. Eso no esperaba escuchar, esperaba que dijera algún “lo siento o perdóname”
-¿Porqué te llamaría? –no podía creerlo. Él estaba sentado frente a mí con su cabello recogido y con unos lentes oscuros ocultando los bellos ojos de la persona a quien amé y amo todavía.
Mi respiración se detuvo temiendo cometer el peor error de todos y que se fuera tan pronto como vino.
Sorpresivamente me miró. Se quitó las gafas oscuras y me dedicó la mejor sonrisa que pude haber visto. Fue como si una luz enorme encandilara mis ojos pequeños.
Tuve que mirar a otra parte, alguna otra cosa que no fuera su hermosa sonrisa. La amaba y sabía que tenía muchas dudas como para responderle ¿Por qué no lo llamé?
-¿Puedo? –preguntó mientras estiraba una de sus manos directo a mi vientre.
De nuevo nuestros ojos se encontraron y ya no pude sentir ni siquiera mis manos. Tuve que bajar la mirada poco a poco para no perder los estragos. Todo el cuerpo me temblaba y no supe reaccionar. Él ya lo sabía.
Él estiró su mano hasta tocarla bajo mi abdomen. Era tan cálida como siempre había imaginado. Su tacto me pareció muy poco creíble y la sensación de pronto se volvió más creíble. Su mano estaba acariciando mi vientre. Miré a Bill y todo era felicidad. Le estaba sonriendo a mi bebe………a nuestro bebe.
-¡Neily! –escuché una voz alterada de pronto…
Y eso fue más que para mí. Jamás pensé que volvería a ocurrir lo mismo. Hacía mucho tiempo atrás que no había sentido esto. Mi mente había jugado conmigo.
Lydia estaba a mi lado cuando abrí los ojos. Mis manos estaban aferradas a mi abdomen y las galletas estaban en el suelo.
-¿Estás bien? –preguntó Lydia desconcertada. Podía jurar que tenía los ojos como platos pero intentó disimular frente a mí. Me levanté enseguida de mi silla giratoria.
Ni siquiera pude responder. Mi mente automáticamente viajaba a la imaginación que mi mente haba sido capaz de crear. De un momento a otro todo me había parecido tan real, tan autentico. Que ahora si lo volvía a repasar en mi mente era demasiado borroso y cada segundo se borraba. Quise dejar que fluyera todo ese viento para que arrastrara los recuerdos irreales para dejarme de nuevo en paz. Pero de alguna forma solo retuve lo que más me había gustado de ese irreal suceso; el que Bill tocara a nuestro bebe.
Solo esa mirada, esa sonrisa se desvanecía por toda mi mente creando sensaciones vividas y un revoloteo en mi estomago.
Lydia insistió en llevarme al médico cuando íbamos caminando a saber los resultados del sexo de mi bebe. Me mataba mucho la curiosidad, pues si sabía que era niño, apostaría diez mil veces a que el niño tendría todo el rostro angelical de Bill y bueno….si fuese una niña aun así deseaba que todos los rasgos fueran idénticos a los de su padre.
-De veras que me diste un gran susto –soltó Lydia colocándose una mano sobre su pecho suponiendo como el corazón le latía con fuerza. Quise concentrarme mucho en lo que estaba diciendo en ese momento mi amiga, pero me costaba mucho trabajo tener que escuchar a alguien cuando mis pensamientos solo se aferraban en la idea de que Bill me había tocado mi vientre. Fue maravilloso.- ……y me alegro de haber llegado aquí porque estoy segura de que no me pusiste ni la mínima atención.
-Lo siento –logré decir con una sonrisa donde fingiera lo sonrojada que me encontraba- es que hace tiempo que no me pasaba algo como esto.
-¿Cómo qué? –preguntó desconcertada y eso la detuvo, colocándose justo en frente de mí.
-Me refiero a que mi mente suele jugar conmigo; Es como sí imaginara todo lo que no puedo tener.
-¿Y qué es lo que exactamente quieres tener?
-Supongo que no lo sé –mentí evitando la mirada de mi amiga. Estaba segura de que lo que quería… a él. Si le decía la verdad sabía que no me dejaría en paz hasta que hablara con él o que se enfadara y se resignara.
-Dijiste que tu mente te engaña con lo que no puedes obtener –insistió pero ahora volvió a tomar rumbo a la clínica que ya nos quedaba a solo unos pasos- ¿Qué fue lo que imaginaste?
Maldición.
-Te dijeron que hoy era el día en que estaban los resultados –intenté cambiar de tema mientras volteaba rápidamente hacia la puerta que daba a la clínica- porqué no quiero echar a andar de vuelta otro día-.
-Por supuesto –asintió con los ojos en blanco. Lo había logrado.
Caminamos rumbo al escritorio más cercano. Todo el lugar me dio la impresión de que fuese una casa común y corriente. La chica que estaba detrás del escritorio no paraba de mirar fijamente la computadora frente a ella sin dejar de teclear. Tenía unas enormes gafas ocultando sus ojos y un peinado que solo la hacía envejecer. Para mi gusto aquella señora tenía aspecto gruñón y estaba demasiado gordita.
-En que les puedo ayudar –dijo la señora sin mirarnos a ambas.
-Disculpe –habló Lydia quien hablaba mejor el idioma Inglés- hemos venido aquí por unos exámenes que entregué la semana pasada.
-Nombre –contestó la señora de la misma forma. –Falta de modales, pensé.
-Lydia Winworl –respondió mi amiga.
Aquella señora suspiró y por fin dejó de teclear. Se echó para atrás sin levantarse y comenzó a buscar entre un cajón enorme la sección con la letra “W” que era el apellido de mi amiga.
-¡Winworl! –exclamó la señora con la carpeta de los resultados en su mano. Aquello me pareció como quien resuelve un problema matemático y grita emocionado la palabra “Eureka” solté una carcajada que apenas fue audible para mis oídos.- Aquí tiene- me apareció amable después de que entregó el resultado pero luego se tornó brusco a la hora de volver a ponerse a trabajar aquella señora.
-Gracias –me limité a decirle con una enorme sonrisa donde sabía a ciencia cierta que no me vería.
-Y bien –soltó Lydia quien lucía extrañamente curiosa por abrir el sobre- no te da curiosidad por saber que es.
-No –mentí. Moría de ganas pero sentí que debía mostrarme normal ante la gente. No lo soporté- está bien, ábrelo –contesté impaciente.
Abrí el sobre de manera rápida como si todo aquello dependiera de mi vida. Logré mirar de reojo a Lydia quien se mostraba más sorprendida por haberle arrebatado de sus manos el sobre que con tantas ansias deseaba verlo igual que yo. “Lo siento” me disculpé encogiéndome de hombros.
Lydia solo puso los ojos en blanco mientras reía entrecortadamente. Evité verla para no entrar en detalles con mi disculpa y continué leyendo la carta de mi examen. Todo estaba demasiado enredoso por lo que estaba a punto de pedirle ayuda a mi amiga.
De pronto, caí en la cuenta de que sería madre muy pronto, solo unos cinco meses más para que ya fuera todo lo que nunca me había imaginado o lo que nunca soñé. Todo el peso me cayó encima y sentí ganas de vomitar. ¿Cuántas veces había imaginado la escena en la que yo misma le preguntaba felizmente al doctor para que dijera el sexo de mí bebe, junto a Bill? Toda la escena que estaba viviendo ahora resultaba difícil de creer; Lydia era la que estaba junto a mí, estábamos en la calle mirando un pedazo de papel. Que irónico, pensé poniendo los ojos en blanco. Me adentré de nuevo a esa carta. No encontraba nada que dijera “Masculino” o “Femenino”. Mis ojos buscaron ese tipo de palabras por lo que tuve que dárselo a Lydia para que pudiera traducirme muy bien lo que yo no entendía. Soltó una carcajada.
-Aquí dice –leyó la carta sin dejar de sonreír- que una “XY” es un niño y “XX” es una niña.
-Y bien –insistí casi con la voz quebrada. Mis uñas ya estaba a punto de desaparecer.
Lydia me miró sonriéndome mucho más que antes. ¿Qué pasaría? Me pregunté en mi cabeza. El tiempo en el que me miró sin decirme nada fue más que suficiente para tomarla de los hombros y sacudirla para que me dijera que era….
-Es niña –gritó llena de emoción.
-Es niña –suspiré sin poder creerlo. Una hermosa niña crecía dentro de mí.
De manera automática mis manos ya estaban sujetas a mi vientre. Estaba feliz de que ya estaba por nacer mi “pequeña bebe”

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